
El
mejillón cebra se ha confirmado como una de las especies invasoras más eficaces a la hora de planificar la colonización de nuevos espacios. Su presencia en las aguas españolas es una mala noticia. Muy mala. A pesar de su diminuto bivalvo, esta especie se concentra en grandes poblaciones que afectan el equilibrio ecológico de las aguas y que provoca cuantiosos costes económicos, porque se apelotonan en conducciones, obstruyen tuberías y obligan a trabajos constantes de limpieza y mantenimiento. Lo saben bien, desde hace años, en centrales eléctricas situadas en el tramo final del Ebro. En muy poco tiempo, lo sabrán también en otros puntos. Entre ellos, Zaragoza capital, porque también a su tramo del Ebro han llegado las larvas del mejillón cebra. En resumidas cuentas, que además de ser un problema ecológico notable, también lo es económico. Por si fuera poco, no se le puede sacar provecho, porque tampoco es comestible.
En los años 90 llegó a la zona del Delta del Ebro. Es una especie originaria de los mares Negro y Caspio, donde sí habita en equilibrio biológico. Aprovechando el tráfico marítimo, los barcos se han convertido en su medio de transporte para colonizar espacios de agua dulce fuera de su ecosistema originario. En el año 2005 se confirmó también su presencia en el Júcar. En el Ebro, su expansión se ha producido con celeridad. Hasta 2001, sus colonias se limitaban a la zona de Cataluña, pero ese año ya se encontraron los primeros ejemplares en el tramo aragonés del Ebro.
Ayudado también por el trasiego de barcas o de aparejos de pesca, el mejillón cebra llegó después al embalse de Mequinenza (Zaragoza). En esta presa se encontraron los primeros ejemplares el año pasado y, a estas alturas, es a todos los efectos un espacio totalmente colonizado por esta especie. Igual que ocurre en el embalse de Ribarroja, a donde el mejillón cebra ya había llegado con antelación.
Plan de control
En los últimos cuatro años, el Gobierno aragonés lleva invertidos más de 300.000 euros para tratar de controlar la expansión de esta especie. Pero técnicamente resulta muy difícil. Una parte fundamental es el cuidado que los particulares pongan en la limpieza de los cascos de barcas y de los aparejos de pesca, de forma que cuando vayan de unos lugares a otros no porten larvas de mejillón cebra.
Que los intentos por ponerle barreras han fallado es algo que ha quedado confirmado esta última semana. La Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) confirmó, en primer lugar, que habían aparecido larvas de mejillón cebra en una muestra de agua recogida en el tramo del Ebro a su paso por Zaragoza capital. Exactamente, en el Meandro de Ranillas, la zona en la que se está levantando el recinto que albergará la Expo del año 2008. Y este viernes pasado, la CHE indicaba que también han aparecido ejemplares de mejillón cebra adulto en el embalse de Sobrón, en la provincia de Burgos, y aguas abajo de esta presa, así como en el salto hidroeléctrico de Puentelarrá, en Álava.
En la inspección que se realizó el jueves pasado, los resultados de búsqueda de mejillón cebra dieron positivo en tres puntos de las provincias de Álava y Burgos.
Eso ha llevado a ampliar las inspecciones oculares a otros embalses de la cuenca del Ebro. Entre ellos, los de La Tranquera, Maidevera y Monteagudo de las Vicarías, en la provincia de Zaragoza, en la zona del Jalón, donde, de momento, no se ha detectado presencia de mejillones cebra.
La CHE realiza desde el año 2004 estudios sobre el estado larvario del mejillón cebra y su evolución. Hasta el momento, las larvas se habían detectado sólo en los puntos muestreados en Mequinenza y aguas abajo de este embalse. La detección de las mismas en el río Ebro a la altura de Zaragoza se ha considerado como una prueba de la existencia de colonias de mejillón cebra adulto en el eje del Ebro, aguas arriba de la capital aragonesa. Algo que ha quedado confirmado.
El riesgo ecológico
La expansión del mejillón cebro por las aguas del Ebro supone un riesgo ecológico considerable. Se teme que ponga en peligro la conservación de la Margatífera Auricularia, una almeja exclusiva de este río, que se localiza en el Canal Imperial y en el Ebro, aguas arriba de Zaragoza. El mejillón cebra alteraría las condiciones del hábitat de tal manera que podría suponer la desaparición de esta especie autóctona. Pero también podría poner en riesgo al cangrejo de río, el propio de la Península, que está ya lleva en peligro de extinción desde hace veinte años. Lo que le puede salvar al cangrejo autóctono es que, las pocas poblaciones que qudan, habitan en aguas más frías y en tramos de río más altos. Pero, si algo ha demostrado el mejillón cebra es su capacidad de colonización, así que la incertidumbre se mantiene.